¿Por qué dejé de escribir?

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Tuve una relación a larga distancia hace algunos años, solía escribirle cartas épicas contándole todo lo que hacía y una que otra cosa producto de mi imaginación. Hoy en día quisiera poder echarle mano a esos documentos, por que si bien no eran poesía eran prosa mágica, inventaba tan fluidamente que perdí la cuenta de lo que era realidad. Pero luego de una rabieta con el susodicho eliminé cualquier rastro de toda esa literatura personal que tenía, una verdadera lástima para mis descendientes, digo yo, al menos es una lástima para mi.

Siempre me ha gustado escribir, tengo un amigo que vive en mi país con el cual me escribo, es extraño, pero me gusta tanto esa correspondencia que cuando nos vemos es como tener otro amigo totalmente diferente, cuando nos encontramos hablamos de otras cosas.

Un día conversando con alguien, que tenía mucha influencia sobre mi, tocamos el tema de los emails, correspondencias, blogs en internet y comunicación escrita en general. Él me dijo: “no escribas nada de lo que te puedas arrepentir si ves publicado en un periódico“ o algo así. Sembró en mí algo que hasta ese momento no había pensado ni procesado: me dio PENA. Empecé a sentir pena por lo que escribía y dejé de escribir, le dejé de escribir a mi amigo y dejé de escribir inclusive mentalmente, de repente todo me daba pena.

Hace un tiempo leí “Los Cuatro Acuerdos“ de Don Miguel Ruíz, este libro describe una serie de pasos para lograr libertad del alma y algo de felicidad. Uno de estos acuerdos trata acerca de cuidar tus palabras y otro habla sobre que nada es personal. No puedo dejar de recomendar este libro, es corto y puede ser leído varias veces.

Después de leer este libro y empezar a practicar el hábito de no tomarme nada personal fui capaz de volver a escribir.

Definitivamente lo que esta persona me dijo no tenía la intención de inhibir mi deseo de escribir, me lo dijo para protegerme. Yo tomé muy personal sus palabras y atrofié una necesidad vital para mí. Por no entender que lo que me decía no tenía nada que ver conmigo sino con él y sus vivencias, no tenía la intención de definirme.

De igual manera me cuestiono cuantas cosas digo sin pensar y sin cuidar mis palabras, quien las recibe no tiene por que interpretar lo que yo estoy pensando, ¿cuántas cosas decimos producto de nuestras propias experiencias y limitaciones?

Hoy en día trato de usar palabras mas amorosas, menos criticonas… ¡trato!, no siempre lo logro, pero la práctica hace el maestro.

Namasté,

Halima

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