Tonos grises

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Hoy llamé a mi mamá, y es como la décima vez que mi mamá antes de cerrar el teléfono me dice “te oigo alegrita”.

La verdad, ésta es la época de mi vida en la que más feliz he estado. Le contesté: “mami, no hay manera de que no esté feliz, si acabo de leer un mensaje de una cliente que me cuenta como va su vida amorosa después de un divorcio y acabo de ver un cliente que se siente muy bien.”

Ella cree que estoy feliz por que estoy haciendo mucho dinero o por que por fin encontré un novio y “voy a sentar cabeza”. Pero no es la realidad; ni una ni la otra, aunque por ahí viene. Quien sabe.

Estoy feliz porque en estos momentos de mi vida encontré los tonos grises. A mis veintes todo o era blanco o negro. Sin embargo, hoy día puedo sentarme a tomar una cerveza con un amigo querido que pertenece a una organización abiertamente machista y para rematar homofóbica. No lo hago perfectamente: todavía quisiera meterme en su cabeza y cambiarle el chip que se le quemó donde debería entender que todos somos iguales y aún discuto con él de vez en cuando. Pero la mayoría del tiempo trato conscientemente de quererlo así como es y además entender de donde viene todo esa certeza que él siente acerca de lo que hace. Simplemente trato de querer a los que están alrededor mío así como son, de no separarme.

Por primera vez en mi vida puedo entender que las emociones nos atrapan, no nos dejan avanzar. Puedo tomar un “amor” de siete años, dejarlo ir y convertirlo en una enseñanza sin rabia por lo que no pudo ser y ver todas las oportunidades y puertas que se abren ahora. Siento mucha emoción por lo que dejo ir, por que sé que es la única manera de limpiar la casa para que entren nuevas y mejores cosas.

Es la primera vez en mi vida que siento la incertidumbre del independiente, pero también la seguridad del independiente. Puedo dormir tranquilamente sabiendo que nadie me va a botar de mi trabajo y que todo lo que quiero lo puedo conseguir si mi deseo no tiene una agenda, si es pasión de verdad. Mi único trabajo hoy en día es hacer más de lo que me hace feliz y pasar menos tiempo haciendo cosas que no. Me entristece aún que un cliente deje su programa sin terminar o cancele una clase, pero trato de no quedarme mucho tiempo amarrada a ese sentimiento.

Soy feliz por que por primera vez no me siento una víctima de mi salud. Si siento dolor sé de donde viene y sé que tengo que hacer para sentirme mejor.

Hace unos días alguien me dijo que tenía una mente revolucionaria por mi manera de ver la vida. Y me sorprendió, porque es el momento de mi vida en que menos revolucionaria me siento. Acaban de pasar las elecciones en Panamá; ésta es la primera vez que voto por el menos peor (a mi parecer), no por el mejor. Y ésta fue una de las posiciones que más odié y critiqué en el pasado. Hoy me perdono por hacer lo que tanto me molestaba. Hoy entiendo que tenemos que trabajar con lo que tenemos, que seguir pensando que las cosas deberían ser mejor y vivir en la fantasía y el romanticismo es de miedosos que no afrontamos que tenemos que trabajar con la realidad que tenemos al frente.

Ya no trato más de convencer a nadie de lo que pienso, y evito dar mi opinión a menos que me la pidan. Hago un esfuerzo sobrehumano por no hacer comentarios llenos de odio en las redes sociales. Trato de apoyar a todas las mujeres empresarias, políticas y activistas que me encuentro; me he propuesto no hablar mal de ninguna mujer y además considerarlas a todas mis hermanas. Es la posición mas feminista que he sostenido en mi vida.

Valoro a los que cobran bien su trabajo. Dejé de pensar en que la gente debe regalarlo: nada debe ser regalado y me alegro por todos los que cobran bien lo que hacen. Y si hacen lo mismo que yo, ¡mejor! Quiere decir que yo también puedo cobrar lo mismo. Además, no le puedo decir al banco que yo me dedico a un trabajo donde se ve mal cobrar. No puedo decirle a la compañía eléctrica que le voy a pagar con amor al arte. Y tengo que comer para poder entregar el trabajo que hago día a día. Hay que cobrar bien y me alegro por todos mis colegas que lo están haciendo. ¿Los qué no? Bueno es su karma por ahora o su limitación.

Estoy feliz la mayor parte del tiempo y me he dado cuenta que los momentos donde no soy feliz es por que no hablo mi verdad, cuando digo o hago algo sólo para quedar bien con los demás. Éste es mi nuevo propósito para este año: hablar mi verdad desde el amor sin juzgar a nadie en el camino.

Y a ti, ¿qué te hace feliz y cuál es tu propósito?

Namasté,

Halima

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