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Halima Cuadra
11:34 am

Desintoxicaciones

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Soy creyente en que cada vez que comemos es una oportunidad para sanar o para enfermar. Lo cierto es que esta decisión muchas veces no es tan fácil. Además de explicar esto a mis clientes de darles ideas de cómo implementar hábitos saludables, también trabajo junto con ellos en comprender por qué no están haciendo lo que ellos saben que deben estar haciendo. Bajar de peso y estar saludables no es ningún secreto; podemos encontrar fácilmente consejos en todos lados, y la mayoría son buenos y verdaderos.

Tener buenos hábitos alimenticios no es tan simple como tener la voluntad para hacer las cosas bien. Hay una evaluación que debemos hacer de lo que está pasando en nuestras vidas que es importante par para poder adoptar estos buenos hábitos, que incluye: cómo están nuestras relaciones interpersonales, nuestra situación laboral, nuestro nivel de actividad e inclusive nuestra espiritualidad. Es un trabajo que toma en algunos casos horas y en otros meses o hasta años. Ninguna duración es mejor que la otra.

Inclusive una vez analizadas todas estas áreas y habiendo “corregido” nuestros hábitos, me he encontrado con casos en los cuales mis clientes o no bajan de peso o siguen con las mismas dolencias. Y esto es muy frustrante, tanto para mis clientes como para mí. Pero conozco muy bien este problema. Yo experimenté lo mismo: comía bastante saludable, hacía ejercicios, meditaba, tenía una buena relación con mi familia y pareja, me gustaba mi trabajo, y sin embargo seguía sufriendo de migrañas y alergias en la piel. Había algo más por hacer; algo me faltaba. Deseé con todas mis fuerzas saber qué era eso que me faltaba, y unos días después recibí un email de una coach amiga mía donde me recomendaba el programa de desintoxicación de otra coach. Me dije a mi misma que esto era lo último que iba a hacer; si después de hacer este programa seguía con mis migrañas iba a ver a un doctor especialista.

El programa fue hermoso en todos los sentidos. Logré afinar mis hábitos de alimentación y de cuidado personal. Los tres primeros días pensé que moriría de ansiedad, pero pasados esos días me empecé a sentir muy bien, y todo se fue haciendo más fácil. El programa tenía además unas tareas diarias para desarrollar en un cuaderno, que incluían  responder preguntas personales. La verdad me empecé a conocer más y mejor. Hay cosas de mí que cambiaron y hay otras que sé no van a cambiar y me encantan tal cual están. Lo interesante de este proceso fue que no se enfocaba sólo en lo que comía, sino que también tomaba en cuenta lo que sentía, y me hacía pensar en lo que tenía que trabajar.

Ya han pasado casi 5 años desde que tomé ese programa, y desde entonces he tenido no más de 5 episodios de migraña, y no he tenido más alergias en la piel. Me liberé de todos los medicamentos y suplementos que tomaba. Desde entonces soy fiel creyente en el poder de las desintoxicaciones, y hoy en día hago dos desintoxicaciones al año.

Después de esta experiencia empecé a estudiar más sobre ellas, y leí todos los libros que encontré al respecto. El resultado de este trabajo es una serie de programas inspirados en un 50% en el programa que hice aquella vez, y el otro 50% viene de todo lo que estudié y de mi experiencia. También adapté muchas de las recetas a productos que se encuentran fácilmente en nuestro país.

Hace unos días tuve un episodio largo de migraña, y recordé como me sentía generalmente antes de hacer estos cambios en mi vida, antes de hacer desintoxicaciones regularmente y pensé que sería genial que todo el mundo pudiera sentirse bien, con energía y con claridad en sus pensamientos; todos tenemos derecho a sentirnos así. Por esto es parte de todos mis programas de coaching hacer aunque sea una desintoxicación como parte del plan para alcanzar los objetivos que mi cliente se haya propuesto. Tengo muchas historias de personas que lograron vencer algunas dolencias que, en algunos casos, habían sufrido toda la vida y ya se habían tomado por crónicas. Para muchos de mis clientes el hacer una desintoxicación ha marcado un antes y un después en su salud y hasta en su peso.

Nos sentimos tan bien después de la desintoxicación que queremos repetirlo. Todas las personas que hacen desintoxicaciones conmigo entran en una especie de club en el cual reciben descuentos bastante significativos si desean repetirlas. Además reciben una notificación un par de meses antes en donde les aviso que yo voy a hacer mi desintoxicación, para que así puedan acompañarme. Mi intención es que esto forme parte de sus vidas como lo es de la mía. Así como programamos el chequeo del médico, los cambios de placa para el carro o el mantenimiento del aire acondicionado, así debemos también programar nuestro propio “mantenimiento”.

Si quieres conversar sobre este proceso mándame un email a halima@halimacuadra.com con tu teléfono y disponibilidad para llamarte y conversar un poco. Sé que mis programas te van a ayudar a conseguir aquello que desees en lo que a salud se refiere.

Namaste,

Halima

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Halima Cuadra
5:44 pm

Más radiante después de mi detox

Para mí hacer un detox dos veces al año es parte de mi cuidado personal, aprendí mucho de mi cuerpo a través de este proceso y logro aprender un poco más cada vez que lo hago. Además me siento excelente, llena de energía y, cómo cuenta Paola abajo, me siento radiante.

Paola hizo el detox conmigo ya hace varios años, aquí su testimonio:

¿Cómo te sentías antes del detox?
Me sentía inflamada, reteniendo líquido, ansiosa, con estreñimiento y estaba muy agotada.

¿Cómo fue el proceso?
Me empece a sentir diferente, con menos ansiedad, a la semana de haber empezado el programa noté cambios físicos positivos en mi cuerpo y como resultado final a la tercera semana bajé notoriamente de medidas y peso.

¿Qué fue lo que más te gustó del programa?
Cómo por arte de magia me deshinché, mi síntomas iniciales disminuyeron. Aprendí a hacer unos deliciosos batidos (que aún continúo tomando en las mañanas) y a comer sanamente sin tanto dulce y carbohidratos. Además, ¡durante el programa podía comer chocolate sin remordimientos!

¿Qué fue lo que más te gustó de trabajar conmigo?
Siempre estuviste pendiente de cada una de las chicas del grupo, respondías cada una de nuestras inquietudes y sobre todo nos dabas mucho ánimo para continuar con el programa. Nos enseñaste lo importante que es darnos un tiempo a diario para atendernos a nosotras mismas.

¿Cómo te sentiste después del detox?
Me sentí libre, feliz, ágil, con ánimos y energía. No solamente yo me sentí diferente sino que la gente me veía diferente, ¡estaba más radiante que nunca!.

¿Qué le dirías a alguien que esté pensando en participar y no se decide?
Que se atreva a hacer algo diferente para el bien de su propio organismo y salud, que no me pasó nada negativo, más bien uno aprende a reconocer cuáles alimentos son los que nos hacen daño y eso es sumamente importante.


TestimonioPaola

Si te interesa comprobar todo lo que dice Paola por ti mismo mándame un email a: halima@halimacuadra.com con tu teléfono para llamarte y conversar más sobre mis planes.

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
12:43 pm

Mis curvas

H para blog post

Hace dos meses compré, en uno de estos sitios donde ofrecen cupones para productos o servicios muy baratos, un masaje. Me organicé una tarde para disfrutarlo y llegué muy temprano al sitio.
 
Muy eficientemente, las chicas que atendían me pasaron a un cuartito primoroso y me pidieron que esperara lista a la que me iba a hacer el masaje. Todo iba muy bien. Cuando llegó la masajista, muy guapa ella, me preguntó a que me dedicaba y yo le conté que era profesora de yoga y coach de salud. Y la chica me dice: “Oye, eres la primera profesora de yoga que atiendo que tiene curvas; todas las otras son delgadas.” ¿¡Ah!? ¿Qué quiso decir?. Casi sin respirar empezó a detallarme todos los tratamientos que tenían para que yo “perdiera mis curvas” y me viera como una profesora de yoga.
 
Pasé rápidamente del acostumbrado momento de duda sobre mi apariencia a un “¡Ah! Ella lo que quiere es vender sus masajes.” Fue rápido y pude decirle que muchas gracias, pero que a mi me gustaban mis curvas y que no estaba interesada en el paquete de 20 masajes baratos que me ofrecía. Esta manera de reaccionar es nueva para mi, e incluso pensé en las mujeres que sin la preparación y el trabajo que yo he hecho se enfrentan a estos comentarios y caerán en el odio a su cuerpo como herramienta de venta.
 
Poco tiempo después estuve unos días en la playa con una amiga. Le contaba como había ganado un par de libras y que estaba segura que era por el estrés del cambio de vida de asalariada a emprendedora, pues más o menos mis hábitos y rutinas se mantenían igual. Le dije que a pesar de eso me gustaba mucho como se veía mi cuerpo y me contestó: “Bueno, si bien es cierto no estás en tu momento más fit, lo que importa es que tú estés contenta.” ¡Alto! ¡Para, para, por favor! Éste es el momento en el que tú me dices “¿Más peso? ¡Pero si te ves divina! ¡Ni se nota!” No fue lo que pasó y otra vez entré en el estado “odio mis curvas”, pero pasé rápidamente a "mi amiga probablemente también lucha con el hecho de aceptar su propio cuerpo y está tratando de ser condescendiente conmigo, pues es lo correcto.”
 
Debo admitir que no siempre me gustaron mis curvas, y además hubo un tiempo que evitaba verme al espejo por que las odiaba. Otra cosa que debo admitir, y sólo por que este blog lo leen amigas cercanas: nunca he sido obesa. He estado más “llenita” que ahora, pero nunca obesa. Y sé que mucha gente piensa que no puedo ponerme en el lugar de una persona obesa por que nunca lo he estado, y puede que tengan razón. Pero lo que sí sé es que no me gustaba y no me quería ni un poquito. Buscaba todas las maneras para eliminar mis curvas. He atendido gente muy pasada de peso y lo que les escucho decir no es muy diferente a lo que yo me decía hace 10 libras.
 
Siempre bromeo con que me inyecté de todo para cambiar mi apariencia, pero en verdad tuve mucha suerte de caer en buenas manos que tenían la mejor de las intenciones con sus tratamientos. Pero antes de eso hice de todo para bajar de peso: hace unos días encontré una factura vieja de unas pastillas que mandaba a pedir afuera, que tenían un nombre terriblemente horrible, algo así como “ANIQUILAR” y que no estaban aprobadas por ningún tipo de organismo regulatorio de salud. Pero en ese entonces me daba igual. Hasta allá llegó mi desamor. Tanto odio a mi misma pudo terminar acabando con mi vida.
 
Pero en cambio, producto de ese desamor empecé a hacer yoga y a estudiar sobre nutrición. Me quería ver como una yogui, o más bien a la imagen que yo tenía de una yogui: una flaquita. Y que bueno que como resultado de mi desamor llegué a dar a un lugar tan maravilloso. Aún no amo mis curvas incondicionalmente y tampoco me da igual lo que la gente piense de mi permanentemente. Lo siento, pero este no es un post happy hippie donde he aceptado al 100% mi cuerpo y lo encuentro hermoso por encima de todos los otros cuerpitos que pasan alrededor mío. Sí, todavía me afecta la publicidad, lo que dice la gente, etc. Pero sí es un post donde comparto mi avance: ahora me quedo poco tiempo en ese estado de odio a mi cuerpo, pensando en como debe lucir una yogui.
 
Gracias al yoga aprendí a querer las curvas cerca de mi cintura, por que esas curvas me ayudan a ser más flexible. Quiero más mi cuerpo, por que haciendo yoga hoy día puedo poner mi cabeza en mis rodillas cuando me siento con mis piernas estiradas hacia delante; antes eso era inimaginable para mi. Veo el progreso producto de mi práctica y mi alimentación; veo músculos en lugares que antes no veía; tengo una mejor postura; me enfermo menos; no me duele la espalda, ni ninguna otra parte de mi cuerpo. Es un mejor cuerpo después de todo, o mejor dicho, es un cuerpo más querido que el de hace unos años. No es que ahora tengo un cuerpo yogui: ahora tengo una mente más yogui, más flexible, que entiende que esta es la casa donde me toca vivir y lo mejor es que la cuide y la adorne, que me acostumbre a ella, porque sino puedo perderme la oportunidad de disfrutarla y quedarme sin casa sin ni siquiera darme cuenta.
 
Sin importar que tan seguras nos veamos, ni cuanto trabajo hagamos para querernos, siempre llegará ese momento donde vamos a dudar de nuestro progreso. No importa que pese 25 libras menos que antes, dentro de mi vive la misma gordita de siempre; para mi, yo me sigo viendo igual. Pero todo esto no quiere decir que el trabajo de amarnos es en vano. Para mi la mejor prueba de que el trabajo que hago está funcionando es que no compré el paquete de los masajes. O que entiendo lo que mi amiga me quiso decir. Me quedo menos tiempo en el desamor y más tiempo en el camino al amor. Paso más tiempo diciéndome cosas bonitas y menos tiempo tratando de eliminar partes de mi cuerpo. Y además me perdono por de vez en cuando revisar ese sentimiento del desamor y me honro cada día por no quedarme en él.

Namasté,

Halima

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