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Halima Cuadra
5:30 pm

Tonos grises

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Hoy llamé a mi mamá, y es como la décima vez que mi mamá antes de cerrar el teléfono me dice “te oigo alegrita”.

La verdad, ésta es la época de mi vida en la que más feliz he estado. Le contesté: “mami, no hay manera de que no esté feliz, si acabo de leer un mensaje de una cliente que me cuenta como va su vida amorosa después de un divorcio y acabo de ver un cliente que se siente muy bien.”

Ella cree que estoy feliz por que estoy haciendo mucho dinero o por que por fin encontré un novio y “voy a sentar cabeza”. Pero no es la realidad; ni una ni la otra, aunque por ahí viene. Quien sabe.

Estoy feliz porque en estos momentos de mi vida encontré los tonos grises. A mis veintes todo o era blanco o negro. Sin embargo, hoy día puedo sentarme a tomar una cerveza con un amigo querido que pertenece a una organización abiertamente machista y para rematar homofóbica. No lo hago perfectamente: todavía quisiera meterme en su cabeza y cambiarle el chip que se le quemó donde debería entender que todos somos iguales y aún discuto con él de vez en cuando. Pero la mayoría del tiempo trato conscientemente de quererlo así como es y además entender de donde viene todo esa certeza que él siente acerca de lo que hace. Simplemente trato de querer a los que están alrededor mío así como son, de no separarme.

Por primera vez en mi vida puedo entender que las emociones nos atrapan, no nos dejan avanzar. Puedo tomar un “amor” de siete años, dejarlo ir y convertirlo en una enseñanza sin rabia por lo que no pudo ser y ver todas las oportunidades y puertas que se abren ahora. Siento mucha emoción por lo que dejo ir, por que sé que es la única manera de limpiar la casa para que entren nuevas y mejores cosas.

Es la primera vez en mi vida que siento la incertidumbre del independiente, pero también la seguridad del independiente. Puedo dormir tranquilamente sabiendo que nadie me va a botar de mi trabajo y que todo lo que quiero lo puedo conseguir si mi deseo no tiene una agenda, si es pasión de verdad. Mi único trabajo hoy en día es hacer más de lo que me hace feliz y pasar menos tiempo haciendo cosas que no. Me entristece aún que un cliente deje su programa sin terminar o cancele una clase, pero trato de no quedarme mucho tiempo amarrada a ese sentimiento.

Soy feliz por que por primera vez no me siento una víctima de mi salud. Si siento dolor sé de donde viene y sé que tengo que hacer para sentirme mejor.

Hace unos días alguien me dijo que tenía una mente revolucionaria por mi manera de ver la vida. Y me sorprendió, porque es el momento de mi vida en que menos revolucionaria me siento. Acaban de pasar las elecciones en Panamá; ésta es la primera vez que voto por el menos peor (a mi parecer), no por el mejor. Y ésta fue una de las posiciones que más odié y critiqué en el pasado. Hoy me perdono por hacer lo que tanto me molestaba. Hoy entiendo que tenemos que trabajar con lo que tenemos, que seguir pensando que las cosas deberían ser mejor y vivir en la fantasía y el romanticismo es de miedosos que no afrontamos que tenemos que trabajar con la realidad que tenemos al frente.

Ya no trato más de convencer a nadie de lo que pienso, y evito dar mi opinión a menos que me la pidan. Hago un esfuerzo sobrehumano por no hacer comentarios llenos de odio en las redes sociales. Trato de apoyar a todas las mujeres empresarias, políticas y activistas que me encuentro; me he propuesto no hablar mal de ninguna mujer y además considerarlas a todas mis hermanas. Es la posición mas feminista que he sostenido en mi vida.

Valoro a los que cobran bien su trabajo. Dejé de pensar en que la gente debe regalarlo: nada debe ser regalado y me alegro por todos los que cobran bien lo que hacen. Y si hacen lo mismo que yo, ¡mejor! Quiere decir que yo también puedo cobrar lo mismo. Además, no le puedo decir al banco que yo me dedico a un trabajo donde se ve mal cobrar. No puedo decirle a la compañía eléctrica que le voy a pagar con amor al arte. Y tengo que comer para poder entregar el trabajo que hago día a día. Hay que cobrar bien y me alegro por todos mis colegas que lo están haciendo. ¿Los qué no? Bueno es su karma por ahora o su limitación.

Estoy feliz la mayor parte del tiempo y me he dado cuenta que los momentos donde no soy feliz es por que no hablo mi verdad, cuando digo o hago algo sólo para quedar bien con los demás. Éste es mi nuevo propósito para este año: hablar mi verdad desde el amor sin juzgar a nadie en el camino.

Y a ti, ¿qué te hace feliz y cuál es tu propósito?

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
7:29 pm

A veces

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Durante una obra de teatro el personaje principal le pregunta a uno secundario: “¿Eres feliz?”, y el personaje secundario contesta: “A veces.”.

Me encantó esa escena y me gustó por que me liberó de la presión de ser feliz siempre, con ella llegó el permiso para no estar bien en algunos momentos y para saber que los momentos que me siento feliz no van a ser para toda la vida, hay que aprovecharlos mientras duran.

En otro momento, mientras me entrenaba para ser coach de salud y nutrición, uno de mis profesores dijo algo así: “tú no eres amargado, tú a veces estas de mal humor. No eres feliz, a veces te pasan cosas que te ponen de buen humor.”
Esta vez el “a veces” llego mejorado, me encanta saber que uno no es de cierta manera, somos una mezcla de muchas cosas y muchas características, no es posible definirnos por una sola de esas, y no deberíamos etiquetarnos con una sola, solo limita nuestra potencial.

Tengo una cliente que me dijo: “Halima, lo que pasa es que yo no tengo fuerza de voluntad.”

Ella ya se había etiquetado como una persona sin disciplina, lo peor es que se creía el cuento. Yo le conté la historia del “A veces”  inmediatamente su expresión fácil cambió, hubo un breve silencio y luego de eso me dijo: “A veces no tengo fuerza de voluntad.”

Me gusta contarle esta historia a mis clientes, y casi siempre logro el mismo resultado, empezamos a vernos como seres más complejos, con más necesidades y cualidades, que muestran una parte de si en cierto momento pero no son una sola cosa, nos llena de posibilidades.

Todas estas cualidades que poseemos, algunas buenas y otras quizás no tan buenas, son las que nos ayudan dirigirnos hacia la meta que queremos. Reconocerlas y aceptarlas es lo más duro, de ahí en adelante como decía mi profesor de álgebra en la escuela secundaria: “Lo demás es carpintería.” 

Namasté,


Halima

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Halima Cuadra
3:50 pm

3 días después

Hace un tiempo pasé por un momento muy triste en mi vida, uno de esos momentos en donde sientes que no puedes respirar, cuando piensas que lo único que no quieres es estar solo y cuando estas acompañado lo único que quieres es estar solo. Sentí la desesperación de no poder pensar claro y solo tener en mi mente lo triste que estaba.

He pasado los últimos años de mi vida haciendo mucho estudio interior: leyendo los famosos libros de “auto-ayuda” que tanto desprecié en mis veintes, y descubriendo pasos concretos de cómo salir de una depresión. Gracias a este estudio hoy sé que las mujeres conversamos nuestros problemas y los de otros no solo por simple y banal bochinche, sino que este tipo de contacto entre amigas nos hace producir una hormona que se llama oxitocina la cual nos da una sensación de bienestar y seguridad social, estado altamente recomendado cuando estamos atravesando por un estado triste o depresivo.

En mi búsqueda de una solución rápida a mi tristeza empecé a conversar con muchas buenas amigas y amigos que tengo, tratando de generar la mayor cantidad de oxitocina posible, oí de todo tipo de buenos y amorosos consejos, pero hay uno que me quedó muy claro y fue este: “espera 3 días, no hagas nada más, sigue pensando en lo que quieras, no te castigues, solo espera 3 días y vas a ver que todo va a estar mejor”.

Esperé 3 días y ¡sí! estaba mucho mejor, no voy a decir que estaba menos triste pero tenía un plan de acción a seguir. Ese consejo resonó en mi durante esos días, me di permiso para llorar, pensar mil y un vez en lo que estaba pasando, me dio mucha libertad y al final del tercer día, aunque seguía triste,  sentí mucho optimismo y mucho amor hacia mi misma y mis sentimientos. Sabía que todo iba a estar bien.

Ese consejo ahora lo uso para todo, cuando tengo que tomar una decisión importante, espero 3 días, cuando estoy molesta con alguien y quiero gritarle cuatro verdades, espero 3 días. Cuando alguien me hiere con sus palabras, espero 3 días. En todos los casos nada más me ha traído enormes beneficios y mucha claridad en mis acciones.

En esos 3 días logro identificar mi responsabilidad sobre mis sentimientos, que lo que la gente me dice no define quien soy y separo mi ego de lo que realmente está pasando para poder estar en paz conmigo misma.
 
Estos 3 días no son mágicos, a mi me ha ayudado el hecho de estar esperando con mucha conciencia 3 días de incertidumbre o dolor para luego tomar una decisión y empezar a sanar.
 
Namasté,


Halima

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Halima Cuadra
6:52 pm

Ser uno mismo

Hace unos días leí una nota sobre una chica que a sus 27 años quería ligarse las trompas porque ella estaba segura que no quería tener hijos, comenté esa noticia con unos amigos y la polémica empezó.

Resulta que varios doctores se negaron a llevar a cabo el procedimiento alegando que esta chica estaba muy joven, y que quizás más adelante pudiera cambiar de parecer.

Algunos de mis amigos estaban del lado de los doctores y otros decían que la chica tenía el derecho sobre su cuerpo, que era una adulta y ella podía decidir.

En ese momento quise escribir sobre los derechos de la mujer a decidir si quiere o no tener hijos. Pensé y pensé como hacerlo de una manera políticamente correcta y no la encontré. Encontré, sin embargo, que la polémica se desata no porque la chica tenga o no razón, sino porque nos causa mucho miedo que alguien sea tan abiertamente diferente y que desafíe de esa manera lo normal. Una mujer que diga que no quiere tener hijos con tanta seguridad no es común, pudiéramos pensar que va en contra de lo que “toda mujer quiere”: ser madre.

Nos asusta que se rompan las reglas porque seguro luego de eso vendrá el caos. Cuando tenemos frente gente valiente que se atreve a vivir su verdad nos reta a vivir la nuestra. Y eso nos causa molestia.

Desafiar todos los estándares que nuestra sociedad, amigos y familiares nos establecen, y que nosotros aceptamos como reglas, es duro y asusta.

Todos tenemos diferentes dones, gustos y habilidades, unos más aceptados otros un poco mas excéntricos. No todos nos atrevemos a defender nuestros valores contra viento y marea, como la chica que quiere evitar ser madre. Pero todos tenemos la capacidad de vivir nuestra vida y expresarnos  como realmente somos.

Un día me di cuenta que aunque mi mamá siempre me dijo que no tenía porque ser igual a nadie, yo vivía según lo que la sociedad esperaba de mí y no como realmente quería. Este tipo de conducta nos enferma física, mental y espiritualmente. Yo me sentía enferma y decidí buscar ayuda.

Gracias a los consejos de diversos profesionales como: mi profesor de yoga, mi coach y mi psicóloga, pude encontrar dentro de mí el valor que necesitaba para vivir la vida que quería, haciendo lo que me daba satisfacción. Da miedo, pero buscar ayuda es importante y reconfortante.

Mi consejo es: si sientes molestia o miedo por algo que esta pasando dentro de ti, busca alguien con quien hablar. Puedes encontrar entre tus conocidos alguien que haya pasado por algo similar. Sino encuentras a nadie que le tengas la confianza suficiente para tener este tipo de conversación puedes buscar ayuda profesional. Existen muchos profesionales hoy en día que pueden guiarte, busca la opción que más se ajuste a tus creencias y forma de ser. Lo importante es que poco a poco empieces a oírte y a diferenciar tus deseos de los deseos de los demás.

Cuando decides a aceptarte como eres y serlo sin pena pasan cosas maravillosas. Te empiezas a querer a ti mismo de una manera que no pensabas que fuera posible, empiezas a ser tu mejor compañía, te diviertes solo. Lo que te permite escoger amistades más afines a ti, no pasas el tiempo con cualquiera por miedo a la soledad.
Lo único malo es que se empiezan a alejar de ti las personas que viven desde el miedo, porque los retas a ser ellos mismos. Pero no te preocupes por que en cambio empiezas a atraer gente como tú, gente que se acepta y vive su verdad sin molestar a nadie.

Hay un poco de locura dentro de todos. Pero todos tenemos el deber, el poder y la responsabilidad de ser nosotros mismos.

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
5:34 pm

Críticos profesionales

Tengo una amiga que tiene todo para ser feliz: es inteligente, divertida, espiritual, hermosa, buena amiga y muy confiable. La mayor parte del tiempo es muy agradable estar con ella. Siempre que nos reunimos a conversar me cuenta sobre alguna tragedia nueva en su vida y según lo que me parece que su vida es bastante complicada.
 
Pasé mucho tiempo preguntándome ¿por qué?, ¿por qué tiene tantos problemas?, ¿por qué todo le sale mal?, ella siempre me dice que yo soy una suertuda, que las cosas en mi vida siempre están bien y fluyen. La verdad no siempre están bien y no siempre fluyen mucho que digamos, pero definitivamente, mi vida es menos complicada.
 
Me puse a pensar que era lo que nos diferenciaba, y un día conversando con ella me di cuenta. Justo hablábamos de algo muy bueno que estaba pasando en su vida, y luego de que me contó todo lo bueno me dijo el malvado PERO: “pero no es exactamente lo que quería, mira que los acabados de este apartamento no son buenos…”
 
Y caí en cuenta, no hay manera de que algo bueno pase en su vida si solo ve lo malo en todo, y este no es un concepto supersticioso, si solo hablas de lo malo en tu vida, si solo ves lo malo no dejas espacio para lo bueno y lo positivo. No lo notas nunca.
 
Vives constantemente buscándole la quinta pata al gato y siempre se la encuentras. Y los que están cerca de ti eso es lo que ven, que tu vida es un caos y estas muy complicado para dar un paseo agradable por el parque, así que quizás inviten a otra persona con más tiempo y menos problemas.
 
Tengo un amigo que abrió una oficina en un área muy linda de la ciudad, la oficina es alucinante, él muy emocionado invitó a sus amigos a que la visitaran y casi todos le decían lo hermoso que estaba el espacio. Llegaron 2 amigos de él que en cuanto entraron notaron como la pintura en un área se estaba descascarillando y el otro notó como un a puerta no cerraba bien. Eso fue lo único que dijeron al respecto del sitio.
 
Cuando oí lo que habían comentado, caí en cuenta que era ese mismo tipo de persona que solo ven lo malo en la vida. Definitivamente mi amigo había notado esos problemas en el espacio, él se había pasado meses enteros estudiando cada detalle. ¿Era realmente necesario que estas personas le recordaran esto?, no.
 
Debemos reconocer cuando estamos en este tipo de postura. Cuando sólo criticas sólo eres capaz de ver lo malo, te has entrenado para ello. Date cuenta que si te siguen pasando cosas malas en tu vida, no es por que te dejaron de pasar buenas, es que perdiste la habilidad de ver lo bueno en tu vida.
 
¿Y si no eres tú el negativo sino un amigo, conocido o familiar tuyo?

Primero define si es siempre así o esta pasando por una etapa. Si está pasando por esa etapa como buen amigo o familiar sólo te queda oírlo y no tomarte nada personal. Al final todo los juicios de cada persona no son más que eso: sus juicios, y no tienen nada que ver contigo, es el reflejo de lo que está pasando dentro de ellos en ese momento.
 
Si puedes identificar que esa es la manera de operar de esta persona siempre y no estas en la posición o en el deseo de evitarla entonces mi recomendación sería que dosifiques el tiempo que pases con ella. No es necesario invertir nuestro tiempo en personas o actividades que no resalten lo positivo de este maravilloso mundo.
 
Namasté,
 
Halima

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Halima Cuadra
8:32 am

Mi momento más feliz

Tengo una relación muy agradable con mi mama, para los que creen en otras vidas les digo que esa mujer y yo fuimos hermanas en otra vida, para los que no, simplemente les cuento que yo la veo a ella como una amiga a la que le cuento todo, y que sin decirle mucho siempre puede leer mis estados de ánimo.

En nuestras tertulias donde solemos repetir el mismo cuento una y otra vez  sin que eso logré desinteresarnos por lo que la otra habla, hay un tema que a mi mamá le gusta contarme: la época de su vida en la cual ella se sintió más feliz. La época siempre es la misma una franja de tiempo entre sus 19 y 25 años, donde según cuenta no tenía ninguna responsabilidad pero era independiente económicamente, viajaba y se divertía.

Tengo un buen amigo con el cual siento mucha conexión que también me ha conversado lleno de ilusión de su época más feliz. Para él fue su niñez, sus años de primaria hasta justo antes de la adolescencia.

Ambos en su momento me han hecho reflexionar en cual es mi momento más feliz y durante varios años he estado examinando y valorando varias etapas de mi vida para encontrar ese momento, y quería encontrarlo porque si por esas cosas de la vida me encuentro con el genio de Aladino y el señor me dice que me va a cumplir el deseo de volver a un momento de mi vida que quiera volver a vivir quiero tenerlo listo y claro, para no fallar, para pedir exactamente lo que quiero.
Esta es otra parte de mi personalidad, mi primera carrera es Ingeniera Industrial y me gustan mucho los números y las cosas exactas, delimitadas, que se puedan comprobar. Estar lista para eventos por si las moscas es algo que forma parte de mi andar por este mundo.

Una de las cosas que recuerdo todos los días es disfrutar el momento, estar presente, es una enseñanza del Yoga. Estar en el presente y disfrutarlo es algo que trato de transmitir a mis clientes de coaching y a mis alumnos de Yoga, no pensar en otra cosa que no sea lo que están haciendo en ese momento. Tener un plan pero no perderme el camino, disfrutar el camino por el que ando, que es lo único seguro que tenemos, lo único que se puede modificar es el ahora. Al futuro no estamos seguros que llegaremos y el pasado no podemos manipularlo.

La verdad es que yo no quiero volver a ninguna época pasada, después de analizar y de evaluar y comparar diversos momentos de mi vida, llegué a la conclusión ya hace unos años, mucho antes de conocer el Yoga, que mi momento más feliz es ahora.
Cuando era niña era feliz de jugar con mis hermanos y de que mi abuela me consintiera en todo; en la escuela secundaria era feliz de no tener que pagar la renta, no tener responsabilidades y escoger las amigas que me han acompañado por más de 20 años y no me imagino mi vida sin ellas; cuando estaba en la universidad era feliz de escoger mi futuro, de jugar al adulto; cuando empecé a trabajar estaba feliz de la independencia económica; cuando me mudé de la casa de mis padres estaba feliz de tener mi espacio.

Cada etapa me ha dejado amigos entrañables, seres maravillosos que me han regalado sus secretos y un poquito de sus vidas; en el 99% de las relaciones de pareja en las que he estado he sido feliz, de todas he aprendido cosas de mi personalidad, me han empujado a estar donde estoy y ser quien soy, hombres encantadores que me han permitido ser su amiga y confidente por un periodo de sus vidas. Como todos he sufrido con rupturas y desamores, pero ese pedazo es solo una pequeña veta del todo.
Si me encuentro con el genio pues le voy a contar que soy feliz, que no quiero volver a ninguna relación del pasado, ni quiero volver a ser la niña en faldita de cuadros que no quiere desayunar, que no quiero trabajar en un banco, que amo a mis padres y lo que mas me gusta es visitarlos, en fin creo que tengo mucho que contarle, por que cuentos es lo que hay.

¿Qué le pediría?

Le pediría un botón, un botón que me sirva para apretarlo cuando este ansiosa por un problema futuro que me aqueje en el presente y que me relaje; ese mismo botón tiene que servir para los que me conocen y quieran vivir en el presente felices,  por que me mortifica ver amigos, familiares o clientes tratando de estar en otro lado que no sea aquí y ahora. Quiero un botón que me sirva para acordarme que me gusta mi presente mas que mi pasado y que mi futuro me va a gustar mas aún.


Namasté,

Halima
Heart In Sand by Petr Kratochvil

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