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Halima Cuadra
5:44 pm

Más radiante después de mi detox

Para mí hacer un detox dos veces al año es parte de mi cuidado personal, aprendí mucho de mi cuerpo a través de este proceso y logro aprender un poco más cada vez que lo hago. Además me siento excelente, llena de energía y, cómo cuenta Paola abajo, me siento radiante.

Paola hizo el detox conmigo ya hace varios años, aquí su testimonio:

¿Cómo te sentías antes del detox?
Me sentía inflamada, reteniendo líquido, ansiosa, con estreñimiento y estaba muy agotada.

¿Cómo fue el proceso?
Me empece a sentir diferente, con menos ansiedad, a la semana de haber empezado el programa noté cambios físicos positivos en mi cuerpo y como resultado final a la tercera semana bajé notoriamente de medidas y peso.

¿Qué fue lo que más te gustó del programa?
Cómo por arte de magia me deshinché, mi síntomas iniciales disminuyeron. Aprendí a hacer unos deliciosos batidos (que aún continúo tomando en las mañanas) y a comer sanamente sin tanto dulce y carbohidratos. Además, ¡durante el programa podía comer chocolate sin remordimientos!

¿Qué fue lo que más te gustó de trabajar conmigo?
Siempre estuviste pendiente de cada una de las chicas del grupo, respondías cada una de nuestras inquietudes y sobre todo nos dabas mucho ánimo para continuar con el programa. Nos enseñaste lo importante que es darnos un tiempo a diario para atendernos a nosotras mismas.

¿Cómo te sentiste después del detox?
Me sentí libre, feliz, ágil, con ánimos y energía. No solamente yo me sentí diferente sino que la gente me veía diferente, ¡estaba más radiante que nunca!.

¿Qué le dirías a alguien que esté pensando en participar y no se decide?
Que se atreva a hacer algo diferente para el bien de su propio organismo y salud, que no me pasó nada negativo, más bien uno aprende a reconocer cuáles alimentos son los que nos hacen daño y eso es sumamente importante.


TestimonioPaola

Si te interesa comprobar todo lo que dice Paola por ti mismo mándame un email a: halima@halimacuadra.com con tu teléfono para llamarte y conversar más sobre mis planes.

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
7:08 pm

Cómo curar el estrés

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En mis clases de yoga privada he notado una constante en todos los clientes que atiendo: sin importar a que se dedican en su día a día están estresados.

También veo muchas personas con lesiones de diversos tipos. Lo primero que hago es una corta entrevista donde les pregunto cuando y cómo empezó el dolor o lesión, qué hacen en su día a día, qué tratamiento le han dado a la lesión, entre otras cosas. Naturalmente, todos mencionan de alguna u otra manera que están estresados por algo.

Mi trabajo consiste en descubrir algunas causas de la lesión y ayudarlos a través de posturas de yoga, la respiración consciente y algunos consejos a mejorar la condición, bajar la intensidad del dolor y tratar, quizás, de aliviar del todo la lesión.

Cada caso es diferente, pero hoy quiero contarles uno de los consejos que doy a todos mis clientes sin excepción.

Antes de nada, vamos a hablar un poco del estrés y sus causas. El estrés es una reacción del cuerpo a algo que nos preocupa. Lo cual está muy bien, ya que es el mecanismo de defensa del cuerpo ante elementos que atentan contra nuestra vida. El problema hoy día es que hay muchas cosas que nos producen estrés, como el tráfico o el trabajo, por ejemplo, y nuestra mente a nivel subconsciente no distingue entre el estrés trivial por que voy tarde a una reunión y el estrés de supervivencia por que me va a comer el tigre. Al no calificar estas aprehensiones en su justa medida, nuestra mente reacciona de la misma manera ante estímulos diametralmente opuestos.

Al reaccionar al estrés ocurren muchas cosas en nuestro cuerpo:

* Secretamos adrenalina, que es la sustancia encargada de acelerar nuestro ritmo cardíaco y a la vez de anestesiar nuestras terminaciones nerviosas. Gracias a ella es que no sentimos nada cuando nos golpeamos en situaciones peligrosas; hace mucho sentido, por que no podemos detenernos cuando estamos huyendo de una amenaza.

* Nuestro cuerpo suspende todos los procesos que no lo ayuden a escapar, como la digestión, la desintoxicación, la reparación de tejidos, etc. En su lugar, dirige toda esa energía a los lugares que ayudan a salvarnos, como: las piernas, los brazos y el cerebro.

* Respiramos por la boca y no por la nariz. La boca es una cavidad más grande y nos ayuda a obtener rápidamente el oxígeno necesario para escapar. Sin embargo, la boca no posee los filtros característicos de las fosas nasales, por lo cual el aire entra directamente a nuestros pulmones, exponiéndonos a enfermar más comúnmente de resfriado o contraer otros virus que estén en el ambiente.

* El cuerpo se contrae de manera que nuestros órganos vitales (como el corazón) queden protegidos y cosas “menos” importantes (como los brazos) queden expuestos. La lógica instintiva detrás de esto es que podemos vivir sin un brazo, pero no sin el corazón. Con esta contracción inhibimos el diafragma, que es el músculo encargado de  la respiración, y en su lugar activamos los músculos de la espalda alta para que empiecen a manejar la respiración.

Y estas son sólo algunas de las cosas que pasan en nuestro cuerpo cuando estamos estresados. Como dije al principio, nuestro subconsciente no califica las causas de nuestras preocupaciones, por lo cual es posible que nos expongamos a ocho horas seguidas de estrés, teniendo en cuenta que manejamos mínimo treinta minutos a la oficina en tráfico pesado, llegamos apurados a la oficina a contestar cientos de correos electrónicos, tomamos decisiones laborales, lidiamos con jefes intransigentes, pagamos las cuentas a tiempo, llevamos los niños a sus actividades extra curriculares, contestamos llamadas de promotores de ventas, buscamos que cenar, manejamos de vuelta otros treinta minutos a casa, en fin un sinnúmero de situaciones que potencialmente pueden provocarnos estrés.

Después de ocho horas usando los músculos de la espalda alta para respirar, haciendo un trabajo para el cual no están diseñados, sentimos como un nudo allá arriba. Esta molestia no es producto de una “sustancia mágica” que amarra esos músculos, sino el resultado del ejercicio extremo de los mismos durante un periodo de tiempo prolongado.

Pero así como nuestro subconsciente se engaña con cualquiera situación preocupante, nosotros podemos engañarlo voluntariamente para que no sienta estrés. Simplemente lleva los hombros hacia atrás y abajo, abre el pecho y respira sólo por la nariz. Concéntrate en RESPIRAR conscientemente, usando la nariz y no la boca, inhalando lentamente y exhalando de igual manera durante un par de minutos: el subconsciente recibe el mensaje que el peligro ha pasado, porque estamos exponiendo nuestro pecho nuevamente y respirando normalmente por la nariz.  Si hacemos esto cada vez que notamos que nuestro pecho está contraído podremos bajar los niveles de estrés del cuerpo durante el día, lo que a su vez nos traerá otros beneficios que detallaremos en una ocasión próxima.

Espero que este truquito te ayuda a eliminar esos molestos “nudos” de la espalda alta. Me encantaría conocer tus experiencias y si además experimentas otros beneficios. No dejes de contarme a través de mi Facebook o en Twitter

Namasté,

Halima


 

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Halima Cuadra
5:30 pm

Tonos grises

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Hoy llamé a mi mamá, y es como la décima vez que mi mamá antes de cerrar el teléfono me dice “te oigo alegrita”.

La verdad, ésta es la época de mi vida en la que más feliz he estado. Le contesté: “mami, no hay manera de que no esté feliz, si acabo de leer un mensaje de una cliente que me cuenta como va su vida amorosa después de un divorcio y acabo de ver un cliente que se siente muy bien.”

Ella cree que estoy feliz por que estoy haciendo mucho dinero o por que por fin encontré un novio y “voy a sentar cabeza”. Pero no es la realidad; ni una ni la otra, aunque por ahí viene. Quien sabe.

Estoy feliz porque en estos momentos de mi vida encontré los tonos grises. A mis veintes todo o era blanco o negro. Sin embargo, hoy día puedo sentarme a tomar una cerveza con un amigo querido que pertenece a una organización abiertamente machista y para rematar homofóbica. No lo hago perfectamente: todavía quisiera meterme en su cabeza y cambiarle el chip que se le quemó donde debería entender que todos somos iguales y aún discuto con él de vez en cuando. Pero la mayoría del tiempo trato conscientemente de quererlo así como es y además entender de donde viene todo esa certeza que él siente acerca de lo que hace. Simplemente trato de querer a los que están alrededor mío así como son, de no separarme.

Por primera vez en mi vida puedo entender que las emociones nos atrapan, no nos dejan avanzar. Puedo tomar un “amor” de siete años, dejarlo ir y convertirlo en una enseñanza sin rabia por lo que no pudo ser y ver todas las oportunidades y puertas que se abren ahora. Siento mucha emoción por lo que dejo ir, por que sé que es la única manera de limpiar la casa para que entren nuevas y mejores cosas.

Es la primera vez en mi vida que siento la incertidumbre del independiente, pero también la seguridad del independiente. Puedo dormir tranquilamente sabiendo que nadie me va a botar de mi trabajo y que todo lo que quiero lo puedo conseguir si mi deseo no tiene una agenda, si es pasión de verdad. Mi único trabajo hoy en día es hacer más de lo que me hace feliz y pasar menos tiempo haciendo cosas que no. Me entristece aún que un cliente deje su programa sin terminar o cancele una clase, pero trato de no quedarme mucho tiempo amarrada a ese sentimiento.

Soy feliz por que por primera vez no me siento una víctima de mi salud. Si siento dolor sé de donde viene y sé que tengo que hacer para sentirme mejor.

Hace unos días alguien me dijo que tenía una mente revolucionaria por mi manera de ver la vida. Y me sorprendió, porque es el momento de mi vida en que menos revolucionaria me siento. Acaban de pasar las elecciones en Panamá; ésta es la primera vez que voto por el menos peor (a mi parecer), no por el mejor. Y ésta fue una de las posiciones que más odié y critiqué en el pasado. Hoy me perdono por hacer lo que tanto me molestaba. Hoy entiendo que tenemos que trabajar con lo que tenemos, que seguir pensando que las cosas deberían ser mejor y vivir en la fantasía y el romanticismo es de miedosos que no afrontamos que tenemos que trabajar con la realidad que tenemos al frente.

Ya no trato más de convencer a nadie de lo que pienso, y evito dar mi opinión a menos que me la pidan. Hago un esfuerzo sobrehumano por no hacer comentarios llenos de odio en las redes sociales. Trato de apoyar a todas las mujeres empresarias, políticas y activistas que me encuentro; me he propuesto no hablar mal de ninguna mujer y además considerarlas a todas mis hermanas. Es la posición mas feminista que he sostenido en mi vida.

Valoro a los que cobran bien su trabajo. Dejé de pensar en que la gente debe regalarlo: nada debe ser regalado y me alegro por todos los que cobran bien lo que hacen. Y si hacen lo mismo que yo, ¡mejor! Quiere decir que yo también puedo cobrar lo mismo. Además, no le puedo decir al banco que yo me dedico a un trabajo donde se ve mal cobrar. No puedo decirle a la compañía eléctrica que le voy a pagar con amor al arte. Y tengo que comer para poder entregar el trabajo que hago día a día. Hay que cobrar bien y me alegro por todos mis colegas que lo están haciendo. ¿Los qué no? Bueno es su karma por ahora o su limitación.

Estoy feliz la mayor parte del tiempo y me he dado cuenta que los momentos donde no soy feliz es por que no hablo mi verdad, cuando digo o hago algo sólo para quedar bien con los demás. Éste es mi nuevo propósito para este año: hablar mi verdad desde el amor sin juzgar a nadie en el camino.

Y a ti, ¿qué te hace feliz y cuál es tu propósito?

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
4:45 pm

Dos mil trece

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A menos de una semana de empezar el tercer mes del año 2014 me he decidido a escribir un resumen del año pasado, mencionando las cosas más importantes y las que creo merecen ser compartidas, pues pueden ayudar a otros.

Empecé el 2013 con la certeza que sería el año en que iba a cambiar mi situación laboral. Mi vida personal estaba más o menos estable y sin muchos sobresaltos, lo cual favorecía tomar una decisión radical en mi carrera profesional. Tenía ya dos años de prepararme para el cambio, estudiando, practicando, fracasando muchas veces y ganando en otras ocasiones. Pero económicamente no estaba lista. Por esos días me veía con una coach de estilo de vida, y aunque me ayudó mucho a superar la mayoría de mis miedos, por alguna razón sentía que yo no estaba lista para lo que ella me podía enseñar.

Decidí hacer un cambio de estrategia y analizar cuál o cuáles eran mis miedos. ¿Por qué no hacía el cambio para el cuál me había preparado?. Descubrí que mi mente de ingeniera necesitaba un plan y una red de seguridad. Mi coach me había sugerido seguir en mi trabajo de ocho a cinco hasta que mi carrera como coach de salud y profesora de yoga generara lo mismo que hacía en mi trabajo “normal”. Esa es una estrategia a seguir y sé de muchas personas que lo hacen, pero yo no disponía del tiempo extra para atender la cantidad de clientes necesarios para generar lo que hacía en mi trabajo. Además, para llegar a generar lo que hacía en ese momento me había tomado mis buenos 10 años en esa industria. ¿Cómo podía pretender hacer lo mismo en una industria nueva en menos de dos años?

Voy a confesarme aquí: mi mayor miedo es tener deudas. Me aterra. Me aterra aparecer en la APC, que alguien diga por ahí que me prestó plata y nunca la devolví, que me echen de mi apartamento por que no he pagado la hipoteca, o no tener que comer. En mi mente todo eso muta hasta que llego a tener pensamientos como “me voy a morir de hambre en la calle pidiendo limosna, sin amigos y la gente pensará que soy una gran perdedora”. Sólo escribirlo me asusta y me corta la respiración.

Así que hice lo más inteligente en ese momento y contraté un asesor financiero. Pero no cualquier asesor con saco y corbata, no. Una asesora que entiende o ve la vida de una manera más completa, más holística. Entiende de energías y de leyes de la atracción; no creo que hoy día pudiese trabajar con gente que no vea la vida de esa manera. Y con ella hice un plan. Lo diseñé yo, pero con su dirección y orientación. El mismo me permitiría ahorrar durante el año 2013 lo suficiente para mantenerme seis meses seguidos sin generar un real, lo cual sería el peor de los casos.

De esa manera había resuelto uno de mis miedos. Pero me quedaba otro monstruo de varias cabezas con quien luchar.

Mi segundo miedo era, (y lo sigue siendo) el enfrentamiento.  Me asusta enfrentarme con la gente que quiero y decirles que no voy a hacer lo que ellos quieren o desean para mi vida.  En este caso me tenía que enfrentar con mi jefe. Habíamos trabajado juntos por 7 años seguidos, por largas horas y muchos días de viaje. Teníamos una buena relación.

Quiero hacer un paréntesis aquí. En un post anterior dije que yo no me apego a la gente y eso no es verdad; me apego a algunas personas. Puedo notar que me apego a esas personas que por alguna razón no me valoran como yo quisiera. En otras palabras, no me quieren de la manera que yo los quiero. Me apego a los hombres en mi vida que me critican, por que internamente siento la necesidad de convencerlos, de ganarme su aceptación y de esa manera callar las críticas. No me pasa muy a menudo, pero me pasa. Y mi jefe era uno de esos hombres que me criticaban.

Cuando me estaba acercando a mi meta de ahorro, empecé a sentir mucho miedo por que sabía tenía que sentarme a conversar con mi jefe para decirle que me iba. Me preparé de todas las maneras que he aprendido: una desintoxicación de comida antes, mucho agua, meditación y yoga. Quería sentirme fuerte física y emocionalmente para hacerlo. Tuve la conversación mil veces en mi mente, mejorándola varias veces. Analicé que era lo que me daba miedo y entendí que  es decir “quiero estar en otro lugar” y recibir críticas por ello.

Escogí un día y una hora. Después de  todo, tenía 7 años de conocer bastante bien a esta persona, lo suficiente para identificar el momento ideal. Ese día no fui capaz. Escogí otro y tampoco pude. Finalmente, escogí un tercer día, y como dicen por ahí, la tercera es la vencida .

La conversación fue dura, pero el tono relajado y hasta amoroso. Me sentí segura y tranquila; transmití justo lo que quería decir. Veintiún días después salí de la que fue mi segunda casa por los últimos 7 años, y me llevé unos amigos maravillosos que me apoyaron (y me siguen apoyando) en muchas aventuras y locuras.

Actualmente me dedico principalmente a tres cosas: mi estudio de yoga junto con 2 socias; mi consulta privada de coaching de salud y nutrición y clases de yoga personalizadas; y Panamá Hace Yoga, el festival anual de yoga de la ciudad, con otras 2 socias.

Cuando deje mi trabajo, tuvimos que mudar de manera abrupta el estudio de yoga, al mismo tiempo que yo estaba inaugurando mi primer grupo de detox. Todo esto fue en septiembre, y fue duro, muy duro. Estaba devastada física y emocionalmente. Todos me felicitaban por haber finalmente dejado ese trabajo, pero yo no sentía nada. Ni felicidad, ni orgullo, nada. O sí, sentía cansancio. Fue un parto del cual aún no me recupero del todo.

Pero afortunadamente no he sentido ni un solo día las ganas de regresar a lo que hacía, ni siquiera para cobrar el décimo tercer mes. Algo bueno que tengo es que me gusta donde estoy en cada momento, y me gusta siempre más donde estoy que donde estaba. Hoy soy más feliz que ayer, pero mañana seguro seré más feliz que hoy.

Al final del año decidí re-contratar a mi coach de vida y me organicé para tomar unos retiros de emprendedoras en el 2014. Ahora sí siento que soy parte de ese grupo y que estoy lista para recibir y entender todos los consejos que me darán.

Sigo sintiendo miedo la mayoría del tiempo. Tengo ahorros después de 6 meses, pero aún los sigo usando. Sigo luchando con los miedos que me atormentan, todos los días. Dudo que eso cambie. Si me preguntan si estaba lista para el cambio mi respuesta sería que no. Si me preguntan si estoy feliz mi respuesta sería que a veces. Me hace feliz ver las caras de las personas cuando doy una charla de respiración o nutrición. Soy feliz cuando una mujer con la que trabajé me dice que hoy se quiere un poco más. Soy feliz cuando un cliente de yoga alcanza a tocar el piso con sus dedos y sonríe como si hubiera ganado la lotería. Y finalmente, me hace feliz poder almorzar por 2 o 3 horas con mi mamá, mis sobrinos o mis amigos. Esos momentos felices valen más que el miedo que siento y eso me motiva a seguir.

Namasté,


Halima

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Halima Cuadra
7:29 pm

A veces

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Durante una obra de teatro el personaje principal le pregunta a uno secundario: “¿Eres feliz?”, y el personaje secundario contesta: “A veces.”.

Me encantó esa escena y me gustó por que me liberó de la presión de ser feliz siempre, con ella llegó el permiso para no estar bien en algunos momentos y para saber que los momentos que me siento feliz no van a ser para toda la vida, hay que aprovecharlos mientras duran.

En otro momento, mientras me entrenaba para ser coach de salud y nutrición, uno de mis profesores dijo algo así: “tú no eres amargado, tú a veces estas de mal humor. No eres feliz, a veces te pasan cosas que te ponen de buen humor.”
Esta vez el “a veces” llego mejorado, me encanta saber que uno no es de cierta manera, somos una mezcla de muchas cosas y muchas características, no es posible definirnos por una sola de esas, y no deberíamos etiquetarnos con una sola, solo limita nuestra potencial.

Tengo una cliente que me dijo: “Halima, lo que pasa es que yo no tengo fuerza de voluntad.”

Ella ya se había etiquetado como una persona sin disciplina, lo peor es que se creía el cuento. Yo le conté la historia del “A veces”  inmediatamente su expresión fácil cambió, hubo un breve silencio y luego de eso me dijo: “A veces no tengo fuerza de voluntad.”

Me gusta contarle esta historia a mis clientes, y casi siempre logro el mismo resultado, empezamos a vernos como seres más complejos, con más necesidades y cualidades, que muestran una parte de si en cierto momento pero no son una sola cosa, nos llena de posibilidades.

Todas estas cualidades que poseemos, algunas buenas y otras quizás no tan buenas, son las que nos ayudan dirigirnos hacia la meta que queremos. Reconocerlas y aceptarlas es lo más duro, de ahí en adelante como decía mi profesor de álgebra en la escuela secundaria: “Lo demás es carpintería.” 

Namasté,


Halima

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