0 Comments
Halima Cuadra
4:45 pm

Dos mil trece

yoga-halima

A menos de una semana de empezar el tercer mes del año 2014 me he decidido a escribir un resumen del año pasado, mencionando las cosas más importantes y las que creo merecen ser compartidas, pues pueden ayudar a otros.

Empecé el 2013 con la certeza que sería el año en que iba a cambiar mi situación laboral. Mi vida personal estaba más o menos estable y sin muchos sobresaltos, lo cual favorecía tomar una decisión radical en mi carrera profesional. Tenía ya dos años de prepararme para el cambio, estudiando, practicando, fracasando muchas veces y ganando en otras ocasiones. Pero económicamente no estaba lista. Por esos días me veía con una coach de estilo de vida, y aunque me ayudó mucho a superar la mayoría de mis miedos, por alguna razón sentía que yo no estaba lista para lo que ella me podía enseñar.

Decidí hacer un cambio de estrategia y analizar cuál o cuáles eran mis miedos. ¿Por qué no hacía el cambio para el cuál me había preparado?. Descubrí que mi mente de ingeniera necesitaba un plan y una red de seguridad. Mi coach me había sugerido seguir en mi trabajo de ocho a cinco hasta que mi carrera como coach de salud y profesora de yoga generara lo mismo que hacía en mi trabajo “normal”. Esa es una estrategia a seguir y sé de muchas personas que lo hacen, pero yo no disponía del tiempo extra para atender la cantidad de clientes necesarios para generar lo que hacía en mi trabajo. Además, para llegar a generar lo que hacía en ese momento me había tomado mis buenos 10 años en esa industria. ¿Cómo podía pretender hacer lo mismo en una industria nueva en menos de dos años?

Voy a confesarme aquí: mi mayor miedo es tener deudas. Me aterra. Me aterra aparecer en la APC, que alguien diga por ahí que me prestó plata y nunca la devolví, que me echen de mi apartamento por que no he pagado la hipoteca, o no tener que comer. En mi mente todo eso muta hasta que llego a tener pensamientos como “me voy a morir de hambre en la calle pidiendo limosna, sin amigos y la gente pensará que soy una gran perdedora”. Sólo escribirlo me asusta y me corta la respiración.

Así que hice lo más inteligente en ese momento y contraté un asesor financiero. Pero no cualquier asesor con saco y corbata, no. Una asesora que entiende o ve la vida de una manera más completa, más holística. Entiende de energías y de leyes de la atracción; no creo que hoy día pudiese trabajar con gente que no vea la vida de esa manera. Y con ella hice un plan. Lo diseñé yo, pero con su dirección y orientación. El mismo me permitiría ahorrar durante el año 2013 lo suficiente para mantenerme seis meses seguidos sin generar un real, lo cual sería el peor de los casos.

De esa manera había resuelto uno de mis miedos. Pero me quedaba otro monstruo de varias cabezas con quien luchar.

Mi segundo miedo era, (y lo sigue siendo) el enfrentamiento.  Me asusta enfrentarme con la gente que quiero y decirles que no voy a hacer lo que ellos quieren o desean para mi vida.  En este caso me tenía que enfrentar con mi jefe. Habíamos trabajado juntos por 7 años seguidos, por largas horas y muchos días de viaje. Teníamos una buena relación.

Quiero hacer un paréntesis aquí. En un post anterior dije que yo no me apego a la gente y eso no es verdad; me apego a algunas personas. Puedo notar que me apego a esas personas que por alguna razón no me valoran como yo quisiera. En otras palabras, no me quieren de la manera que yo los quiero. Me apego a los hombres en mi vida que me critican, por que internamente siento la necesidad de convencerlos, de ganarme su aceptación y de esa manera callar las críticas. No me pasa muy a menudo, pero me pasa. Y mi jefe era uno de esos hombres que me criticaban.

Cuando me estaba acercando a mi meta de ahorro, empecé a sentir mucho miedo por que sabía tenía que sentarme a conversar con mi jefe para decirle que me iba. Me preparé de todas las maneras que he aprendido: una desintoxicación de comida antes, mucho agua, meditación y yoga. Quería sentirme fuerte física y emocionalmente para hacerlo. Tuve la conversación mil veces en mi mente, mejorándola varias veces. Analicé que era lo que me daba miedo y entendí que  es decir “quiero estar en otro lugar” y recibir críticas por ello.

Escogí un día y una hora. Después de  todo, tenía 7 años de conocer bastante bien a esta persona, lo suficiente para identificar el momento ideal. Ese día no fui capaz. Escogí otro y tampoco pude. Finalmente, escogí un tercer día, y como dicen por ahí, la tercera es la vencida .

La conversación fue dura, pero el tono relajado y hasta amoroso. Me sentí segura y tranquila; transmití justo lo que quería decir. Veintiún días después salí de la que fue mi segunda casa por los últimos 7 años, y me llevé unos amigos maravillosos que me apoyaron (y me siguen apoyando) en muchas aventuras y locuras.

Actualmente me dedico principalmente a tres cosas: mi estudio de yoga junto con 2 socias; mi consulta privada de coaching de salud y nutrición y clases de yoga personalizadas; y Panamá Hace Yoga, el festival anual de yoga de la ciudad, con otras 2 socias.

Cuando deje mi trabajo, tuvimos que mudar de manera abrupta el estudio de yoga, al mismo tiempo que yo estaba inaugurando mi primer grupo de detox. Todo esto fue en septiembre, y fue duro, muy duro. Estaba devastada física y emocionalmente. Todos me felicitaban por haber finalmente dejado ese trabajo, pero yo no sentía nada. Ni felicidad, ni orgullo, nada. O sí, sentía cansancio. Fue un parto del cual aún no me recupero del todo.

Pero afortunadamente no he sentido ni un solo día las ganas de regresar a lo que hacía, ni siquiera para cobrar el décimo tercer mes. Algo bueno que tengo es que me gusta donde estoy en cada momento, y me gusta siempre más donde estoy que donde estaba. Hoy soy más feliz que ayer, pero mañana seguro seré más feliz que hoy.

Al final del año decidí re-contratar a mi coach de vida y me organicé para tomar unos retiros de emprendedoras en el 2014. Ahora sí siento que soy parte de ese grupo y que estoy lista para recibir y entender todos los consejos que me darán.

Sigo sintiendo miedo la mayoría del tiempo. Tengo ahorros después de 6 meses, pero aún los sigo usando. Sigo luchando con los miedos que me atormentan, todos los días. Dudo que eso cambie. Si me preguntan si estaba lista para el cambio mi respuesta sería que no. Si me preguntan si estoy feliz mi respuesta sería que a veces. Me hace feliz ver las caras de las personas cuando doy una charla de respiración o nutrición. Soy feliz cuando una mujer con la que trabajé me dice que hoy se quiere un poco más. Soy feliz cuando un cliente de yoga alcanza a tocar el piso con sus dedos y sonríe como si hubiera ganado la lotería. Y finalmente, me hace feliz poder almorzar por 2 o 3 horas con mi mamá, mis sobrinos o mis amigos. Esos momentos felices valen más que el miedo que siento y eso me motiva a seguir.

Namasté,


Halima

Tags: