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Halima Cuadra
12:43 pm

Mis curvas

H para blog post

Hace dos meses compré, en uno de estos sitios donde ofrecen cupones para productos o servicios muy baratos, un masaje. Me organicé una tarde para disfrutarlo y llegué muy temprano al sitio.
 
Muy eficientemente, las chicas que atendían me pasaron a un cuartito primoroso y me pidieron que esperara lista a la que me iba a hacer el masaje. Todo iba muy bien. Cuando llegó la masajista, muy guapa ella, me preguntó a que me dedicaba y yo le conté que era profesora de yoga y coach de salud. Y la chica me dice: “Oye, eres la primera profesora de yoga que atiendo que tiene curvas; todas las otras son delgadas.” ¿¡Ah!? ¿Qué quiso decir?. Casi sin respirar empezó a detallarme todos los tratamientos que tenían para que yo “perdiera mis curvas” y me viera como una profesora de yoga.
 
Pasé rápidamente del acostumbrado momento de duda sobre mi apariencia a un “¡Ah! Ella lo que quiere es vender sus masajes.” Fue rápido y pude decirle que muchas gracias, pero que a mi me gustaban mis curvas y que no estaba interesada en el paquete de 20 masajes baratos que me ofrecía. Esta manera de reaccionar es nueva para mi, e incluso pensé en las mujeres que sin la preparación y el trabajo que yo he hecho se enfrentan a estos comentarios y caerán en el odio a su cuerpo como herramienta de venta.
 
Poco tiempo después estuve unos días en la playa con una amiga. Le contaba como había ganado un par de libras y que estaba segura que era por el estrés del cambio de vida de asalariada a emprendedora, pues más o menos mis hábitos y rutinas se mantenían igual. Le dije que a pesar de eso me gustaba mucho como se veía mi cuerpo y me contestó: “Bueno, si bien es cierto no estás en tu momento más fit, lo que importa es que tú estés contenta.” ¡Alto! ¡Para, para, por favor! Éste es el momento en el que tú me dices “¿Más peso? ¡Pero si te ves divina! ¡Ni se nota!” No fue lo que pasó y otra vez entré en el estado “odio mis curvas”, pero pasé rápidamente a "mi amiga probablemente también lucha con el hecho de aceptar su propio cuerpo y está tratando de ser condescendiente conmigo, pues es lo correcto.”
 
Debo admitir que no siempre me gustaron mis curvas, y además hubo un tiempo que evitaba verme al espejo por que las odiaba. Otra cosa que debo admitir, y sólo por que este blog lo leen amigas cercanas: nunca he sido obesa. He estado más “llenita” que ahora, pero nunca obesa. Y sé que mucha gente piensa que no puedo ponerme en el lugar de una persona obesa por que nunca lo he estado, y puede que tengan razón. Pero lo que sí sé es que no me gustaba y no me quería ni un poquito. Buscaba todas las maneras para eliminar mis curvas. He atendido gente muy pasada de peso y lo que les escucho decir no es muy diferente a lo que yo me decía hace 10 libras.
 
Siempre bromeo con que me inyecté de todo para cambiar mi apariencia, pero en verdad tuve mucha suerte de caer en buenas manos que tenían la mejor de las intenciones con sus tratamientos. Pero antes de eso hice de todo para bajar de peso: hace unos días encontré una factura vieja de unas pastillas que mandaba a pedir afuera, que tenían un nombre terriblemente horrible, algo así como “ANIQUILAR” y que no estaban aprobadas por ningún tipo de organismo regulatorio de salud. Pero en ese entonces me daba igual. Hasta allá llegó mi desamor. Tanto odio a mi misma pudo terminar acabando con mi vida.
 
Pero en cambio, producto de ese desamor empecé a hacer yoga y a estudiar sobre nutrición. Me quería ver como una yogui, o más bien a la imagen que yo tenía de una yogui: una flaquita. Y que bueno que como resultado de mi desamor llegué a dar a un lugar tan maravilloso. Aún no amo mis curvas incondicionalmente y tampoco me da igual lo que la gente piense de mi permanentemente. Lo siento, pero este no es un post happy hippie donde he aceptado al 100% mi cuerpo y lo encuentro hermoso por encima de todos los otros cuerpitos que pasan alrededor mío. Sí, todavía me afecta la publicidad, lo que dice la gente, etc. Pero sí es un post donde comparto mi avance: ahora me quedo poco tiempo en ese estado de odio a mi cuerpo, pensando en como debe lucir una yogui.
 
Gracias al yoga aprendí a querer las curvas cerca de mi cintura, por que esas curvas me ayudan a ser más flexible. Quiero más mi cuerpo, por que haciendo yoga hoy día puedo poner mi cabeza en mis rodillas cuando me siento con mis piernas estiradas hacia delante; antes eso era inimaginable para mi. Veo el progreso producto de mi práctica y mi alimentación; veo músculos en lugares que antes no veía; tengo una mejor postura; me enfermo menos; no me duele la espalda, ni ninguna otra parte de mi cuerpo. Es un mejor cuerpo después de todo, o mejor dicho, es un cuerpo más querido que el de hace unos años. No es que ahora tengo un cuerpo yogui: ahora tengo una mente más yogui, más flexible, que entiende que esta es la casa donde me toca vivir y lo mejor es que la cuide y la adorne, que me acostumbre a ella, porque sino puedo perderme la oportunidad de disfrutarla y quedarme sin casa sin ni siquiera darme cuenta.
 
Sin importar que tan seguras nos veamos, ni cuanto trabajo hagamos para querernos, siempre llegará ese momento donde vamos a dudar de nuestro progreso. No importa que pese 25 libras menos que antes, dentro de mi vive la misma gordita de siempre; para mi, yo me sigo viendo igual. Pero todo esto no quiere decir que el trabajo de amarnos es en vano. Para mi la mejor prueba de que el trabajo que hago está funcionando es que no compré el paquete de los masajes. O que entiendo lo que mi amiga me quiso decir. Me quedo menos tiempo en el desamor y más tiempo en el camino al amor. Paso más tiempo diciéndome cosas bonitas y menos tiempo tratando de eliminar partes de mi cuerpo. Y además me perdono por de vez en cuando revisar ese sentimiento del desamor y me honro cada día por no quedarme en él.

Namasté,

Halima

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Halima Cuadra
7:08 pm

Cómo curar el estrés

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En mis clases de yoga privada he notado una constante en todos los clientes que atiendo: sin importar a que se dedican en su día a día están estresados.

También veo muchas personas con lesiones de diversos tipos. Lo primero que hago es una corta entrevista donde les pregunto cuando y cómo empezó el dolor o lesión, qué hacen en su día a día, qué tratamiento le han dado a la lesión, entre otras cosas. Naturalmente, todos mencionan de alguna u otra manera que están estresados por algo.

Mi trabajo consiste en descubrir algunas causas de la lesión y ayudarlos a través de posturas de yoga, la respiración consciente y algunos consejos a mejorar la condición, bajar la intensidad del dolor y tratar, quizás, de aliviar del todo la lesión.

Cada caso es diferente, pero hoy quiero contarles uno de los consejos que doy a todos mis clientes sin excepción.

Antes de nada, vamos a hablar un poco del estrés y sus causas. El estrés es una reacción del cuerpo a algo que nos preocupa. Lo cual está muy bien, ya que es el mecanismo de defensa del cuerpo ante elementos que atentan contra nuestra vida. El problema hoy día es que hay muchas cosas que nos producen estrés, como el tráfico o el trabajo, por ejemplo, y nuestra mente a nivel subconsciente no distingue entre el estrés trivial por que voy tarde a una reunión y el estrés de supervivencia por que me va a comer el tigre. Al no calificar estas aprehensiones en su justa medida, nuestra mente reacciona de la misma manera ante estímulos diametralmente opuestos.

Al reaccionar al estrés ocurren muchas cosas en nuestro cuerpo:

* Secretamos adrenalina, que es la sustancia encargada de acelerar nuestro ritmo cardíaco y a la vez de anestesiar nuestras terminaciones nerviosas. Gracias a ella es que no sentimos nada cuando nos golpeamos en situaciones peligrosas; hace mucho sentido, por que no podemos detenernos cuando estamos huyendo de una amenaza.

* Nuestro cuerpo suspende todos los procesos que no lo ayuden a escapar, como la digestión, la desintoxicación, la reparación de tejidos, etc. En su lugar, dirige toda esa energía a los lugares que ayudan a salvarnos, como: las piernas, los brazos y el cerebro.

* Respiramos por la boca y no por la nariz. La boca es una cavidad más grande y nos ayuda a obtener rápidamente el oxígeno necesario para escapar. Sin embargo, la boca no posee los filtros característicos de las fosas nasales, por lo cual el aire entra directamente a nuestros pulmones, exponiéndonos a enfermar más comúnmente de resfriado o contraer otros virus que estén en el ambiente.

* El cuerpo se contrae de manera que nuestros órganos vitales (como el corazón) queden protegidos y cosas “menos” importantes (como los brazos) queden expuestos. La lógica instintiva detrás de esto es que podemos vivir sin un brazo, pero no sin el corazón. Con esta contracción inhibimos el diafragma, que es el músculo encargado de  la respiración, y en su lugar activamos los músculos de la espalda alta para que empiecen a manejar la respiración.

Y estas son sólo algunas de las cosas que pasan en nuestro cuerpo cuando estamos estresados. Como dije al principio, nuestro subconsciente no califica las causas de nuestras preocupaciones, por lo cual es posible que nos expongamos a ocho horas seguidas de estrés, teniendo en cuenta que manejamos mínimo treinta minutos a la oficina en tráfico pesado, llegamos apurados a la oficina a contestar cientos de correos electrónicos, tomamos decisiones laborales, lidiamos con jefes intransigentes, pagamos las cuentas a tiempo, llevamos los niños a sus actividades extra curriculares, contestamos llamadas de promotores de ventas, buscamos que cenar, manejamos de vuelta otros treinta minutos a casa, en fin un sinnúmero de situaciones que potencialmente pueden provocarnos estrés.

Después de ocho horas usando los músculos de la espalda alta para respirar, haciendo un trabajo para el cual no están diseñados, sentimos como un nudo allá arriba. Esta molestia no es producto de una “sustancia mágica” que amarra esos músculos, sino el resultado del ejercicio extremo de los mismos durante un periodo de tiempo prolongado.

Pero así como nuestro subconsciente se engaña con cualquiera situación preocupante, nosotros podemos engañarlo voluntariamente para que no sienta estrés. Simplemente lleva los hombros hacia atrás y abajo, abre el pecho y respira sólo por la nariz. Concéntrate en RESPIRAR conscientemente, usando la nariz y no la boca, inhalando lentamente y exhalando de igual manera durante un par de minutos: el subconsciente recibe el mensaje que el peligro ha pasado, porque estamos exponiendo nuestro pecho nuevamente y respirando normalmente por la nariz.  Si hacemos esto cada vez que notamos que nuestro pecho está contraído podremos bajar los niveles de estrés del cuerpo durante el día, lo que a su vez nos traerá otros beneficios que detallaremos en una ocasión próxima.

Espero que este truquito te ayuda a eliminar esos molestos “nudos” de la espalda alta. Me encantaría conocer tus experiencias y si además experimentas otros beneficios. No dejes de contarme a través de mi Facebook o en Twitter

Namasté,

Halima


 

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